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lunes, 31 de marzo de 2008

Unas vacaciones inolvidables - Cap. II: "Una mañana en La Habana, Cuba"

Capítulo I

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Al día siguiente, tras un desayuno con características de almuerzo, once y cena, un guía nos recogía para iniciar un recorrido en dos etapas, una por el casco histórico en victoria, viejo carruaje tirado por caballo y luego otra a pie por las empedradas calles de La Habana vieja, conocida es mi poca afinidad a las caminatas, lo que motivaba continuos reclamos de Hugo, quien con una sed de conocer y conocer, parecía deslizarse sobre patines en los añosos cuadrados de adoquines.

En la plaza de San Francisco y mientras esperábamos que el guía regateara precio con el conductor del vehículo en el cual haríamos el recorrido, veo que una mujer vestida a la usanza típica con un canasto de flores en la mano se acerca a Hugo y lo cubre de besos, tal como lo haría con un ser amado, dejándole el rostro todo pintado, me acerco extrañada y la escucho expresar “Son cinco pesos…debo pagar impuestos” ($CH. 3000) mientras tanto nuestro guía se acercaba sonriendo con la cámara fotográfica de mi marido entre sus manos.

El Convento Franciscano hoy una sala de conciertos, El Malecón, El Faro, El Puerto, El Capitolio, La vieja Estación de Ferrocarriles con su cementerio de maquinas a vapor, Las Ruinas de una ciudad amurallada, La catedral con su baño de tejas, Los restos del primer acueducto de La Habana, Los Innumerables Monumentos a José Martí, Las reliquias de la Plaza Gramma, El Palacio del Gobernador, La casa de Gobierno de Fulgencio Batista, hoy el Museo de la Revolución, Las calles empedradas, rodeadas por edificaciones recién restauradas y viejos edificios, adornados todos por prendas de vestir recién lavadas que cuelgan de sus balcones cual disímiles banderas y muchos otros detalles que lentamente van entrando en el olvido, dan cuenta de un pueblo con antiguas tradiciones que pretende conservar vigentes los valores de la Independencia, mezclándolos con los ideales de una revolución socialista que ya cumple medio siglo de existencia.

La gran cantidad de hombres de todas las edades que pueblan las esquinas de las calles aun en horario laboral, conversando y departiendo en voz tan alta, que uno piensa que discuten, solo las estridentes carcajadas que brotan de cuando en cuando me mueven a desterrar dichos pensamientos. Es evidente que existe cesantía, pero a primera vista no es algo que quite el sueño, a lo mejor ya se acostumbraron, la alegría de sus rostros, el infaltable cigarro o cigarrillo entre sus manos, los cánticos y carcajadas que brotan de manera espontánea de cualquier grupo reunido, nos plantean una contradicción de difícil explicación.

Extraña es la ausencia de mendicidad infantil en las calles, propia de los países hispanos, esta, es motivada por la obligatoriedad que existe para los niños cubanos de asistencia a clases, se pena con someter a prisión a sus padres o tutores. Creo que esto es positivo y digno de imitar.

Un aspecto que creo tiene sus orígenes en el machismo y la idiosincrasia de los pueblos del Caribe es la gran cantidad de mujeres que en contraste con los hombres, laboran al interior de oficinas, bares, restaurantes, negocios de artesanía y como vigilantes cumpliendo funciones policiales. Sin haber tenido oportunidad de integrarme a la realidad familiar de Cuba, pienso que dentro de los estratos del pueblo, el que la mujer lleve el peso del hogar es una realidad vigente en gran parte de la población.

Llaman la atención, la ausencia de carteles comerciales y propaganda, los que son remplazado por grandes letreros con lemas y pensamientos de legendarios patriarcas, patriotas y actuales dirigentes instando a los cubanos a mantenerse vigilantes y combatientes ante las agresiones del imperialismo, otro aspecto que dan cuenta estos grandes letreros se refieren a los desastrosos efectos que provoca en la isla “el bloqueo criminal” que mantiene vigente el gobierno de los Estados Unidos. Una realidad que nos es desconocida.

La predisposición de los habitantes de la isla al canto y al baile, ocupa un lugar importante entre los habitantes de este bello país, pues al mas ligero sonido de guitarras y timbales ya los cubanos disponen los pies y las manos en posición de bailar, cosa que ocurre con frecuencia de cualquier nada, en cualquier grupo, surge una guitarra un par de bongoes y vamos bailando.

Las calles de La Habana Vieja, son recorridas por alegres batucadas, formadas por quince a veinte jóvenes que vestidos a la usanza típica y acompañados de payasos y bailarines en zancos, bailan y danzan en medio de las piruetas de los malabaristas y saltimbanquis, los que dotados de bolsas similares a las que se usan en los templos para recoger las ofrendas, instan a los transeúntes a cooperar con la “alegría”.

Hoy el gobierno cubano realiza esfuerzos para centrar en el turismo su escuálida economía, razón por la cual se ve como inminente una mayor apertura hacia los países del mundo globalizado; en estos días circula la noticia que el nuevo presidente ha autorizado la compra de televisores y electrodomésticos para la gente del pueblo. ¿Será por eso que están tan alegres.?

Los bajos precios internacionales del azúcar que por años fue la sostenedora de la isla, han provocado el desmantelamiento de los ingenios azucareros y de las plantas productoras de etanol, ya que no resulta económico el explotarla. Aun cuando después nos informamos que dado los altos precios del petróleo, se ha reiniciado la producción de etanol en algunas plantas que se encontraban paralizadas.

Según conversaciones con habitantes de La Habana, todos coinciden que en la actualidad, gran parte de las entradas de la isla se deben a los subsidio que les otorga Venezuela, siendo Hugo Chávez el gran mecenas, que ha impedido que en la isla se vuelvan a repetir los nefastos efectos de la gran crisis de 1991, provocada caída del muro de Berlín, y el abandono de la asistencia proporcionada por la ex Unión Soviética, oportunidad en la que según el decir las ciudades parecían pueblos fantasmas, ya que ningún vehículo circulaba por ellas debido a la ausencia de divisas y de petróleo, escaseando incluso las raciones alimenticias y el combustible para los vehículos de emergencia.

En el aspecto económico se mantiene un sistema de doble moneda, una para los turistas con los pesos CUC que se transan a US$ 0,80 o EU$1,30 y una para el consumo interno de Cuba con un peso que equivale a 0,042 pesos CUC. Todo un lío para quienes vienen del exterior y deben efectuar las respectivas conversiones a dinero de sus país, además que representa una doble vigilancia para los turistas quienes deben permanecer atentos a que en los vueltos no se incluyan pesos cubanos, pues según me explicaron, los billetes y monedas son iguales y solo se diferencian por la frase “pesos convertibles” que esta grabada en los billetes CUC.

En Cuba, Chile hoy es prácticamente un país desconocido, solo la gente mayor recuerda nuestra experiencia socialista y el gobierno de Salvador Allende la posterior invasión de chilenos y por supuesto “los años terribles” (según los cubanos) del Gobierno de Pinochet. Fidel en homenaje a Allende denominó con su nombre a una gran arteria doble via en La Habana, calle en la cual se ubica la Gran Logia Masónica de Cuba. En la actualidad los habitantes de La Habana continúan llamándola por su nombre original Avenida Carlos Tercero, en homenaje a un antiguo rey de España.

Nuestro recorrido matutino terminó en una gran feria artesanal, donde junto a Hugo compramos llaveros y algunos recuerdos, para luego trasladarnos a almorzar a un restorán tradicional, El Floridita, según el chofer de taxi es lo mas tradicional de La Habana en lo que a restaurantes se refiere, a poco de entrar Hugo me dijo que lo conocía, lo mire extrañada y me explico que en el se habían filmado unas escenas de una antigua película “Habana” protagonizada por Robert Redford y que el había visto.

Las lámparas, sus ventiladores colgantes, la vajilla, los muebles, sus mesas y sillas, el bar, los barman, el maitre, los garzones, el conjunto que entonaba la suave música, los servicios higiénicos y en general todo el ambiente, impecablemente antiguo, transporta al turista a fines de los años cincuenta. Todo, muy similar a un antiguo restaurante de Santiago ya desaparecido, El Crillon; es imponente por su señorío, pareciera haber estado cerrado por décadas y haber sido reabierto el día de ayer, hasta los garzones vestidos con rojas chaquetas cruzadas de tres botones y pantalones blancos, todos mayores de cincuenta años, huelen a pasado, nos informan que este era otro de los lugares a los que habitualmente concurría Hemingway. Al parecer el escritor no lo pasaba mal.

Mientras los turistas se agolpaban en la estrecha puerta, luchando por conseguir un lugar en la barra; pasamos hacia el comedor central donde nos esperaba una mesa engalanada con flores naturales y un sinfín de cubiertos, muchos de los cuales permanecieron sin uso. Un Daiquiri muy helado de aperitivo, nos trajo el refresco a un calor que a esa altura bordeaba los 36 grados, Hugo y yo transpirábamos, mientras los cubanos como si nada. Un menú de camarones acompañado de ensalada adornada con trozos de piña y mango y “ropa vieja” (filete al jugo, cocinado en olla y servida en tiras como pantrucas) acompañada de arroz negro y frijoles del mismo color, aplacó nuestro apetito, un helado de coco, servido en una gran copa puso punto final al almuerzo.

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