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miércoles, 26 de marzo de 2008

Unas vacaciones inolvidables - Cap. I: "Primer día en La Habana, Cuba"


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Accediendo a un deseo de Hugo, mi marido y asesorada por las indicaciones de Andrea, mi hija menor, el pasado Miércoles 4 a las 04.30 hrs. levantamos vuelo hacia la República Socialista de Cuba. Luego de un largo viaje de prácticamente 9.00 horas volando a una velocidad cercana a los 900 Km. /hora aterrizamos en el Aeropuerto José Martí de La Habana, un lugar sencillo, poco acogedor, nada de fastuoso y que entrega de entrada al visitante un símbolo de paz e igualdad, al mostrar colgadas desde el techo del recinto la mayoría de las banderas del mundo. La chilena se ubica en un extremo, llamando mi atención que en el centro del recinto pende una gran bandera cubana flanqueada por los pabellones de Estados Unidos y de la ex URRS.

Luego de los minuciosos tramites de ingreso, fuimos conducidos al Hotel Habana Libre a pesar que lo contratado en Chile era el Hotel Melia Cohiba, lo que motivó mis protestas que hice presente a la representante de la agencia de viaje, quien insistía en llamarme "compañera”, fue mi primer contacto con una mujer y la realidad cubana. Con el respeto y la firmeza que me caracteriza, abogue por lo que consideraba justo, consiguiendo revertir la situación de forma favorable ya que no tan solo conseguí el traslado al hotel que me correspondía, sino que además un cambio favorable en las condiciones del resto del viaje.

La Habana
a nuestra primera vista se muestra como una ciudad extraña, faltan las calles con una bullente actividad comercial de grandes tiendas, acompañada de sus grandes y clásicos letreros luminosos, los únicos letreros que se observan no están iluminados y transmiten los mensajes y pensamientos de sus próceres y gobernantes.

Cercana al hotel había una plaza y en medio de ella una tienda de venta de helados y refrescos, El Copelia, en ella al atardecer se congrega diariamente el estudiantado y los trabajadores a departir sanamente los productos de venta de este único negocio o a disfrutar de la sombra de sus frondosos árboles. Los cines a la usanza de los extinguidos antiguos cines de Santiago, ofrecen en sus marquesinas iluminadas por débiles ampolletas, funciones con películas que hace ya bastante tiempo pasaron por Santiago.

Caminamos por una calle en dirección al Malecón, edificios de Ministerios se ubican en sus costados, en sus esquinas uno que otro negocio que ofrecen bebidas y refrescos. El Malecón una gran estructura de piedra y hormigón que contiene los embates de un mar apacible en esos momentos. A su costado una larga y amplia avenida que recorre bordeando el océano, gran parte de la bahía y las instalaciones del puerto.

Una sensación extraña se apodera de los visitantes al observar que las calles, parecen ser set de añejas películas, por los antiguos edificios y la profusión de autos de la década del 50 y años anteriores que en ella circulan, todos de fabricación norteamericana, la mayoría de ellos en impecable estado de conservación. Como lo hacen?...un misterio del ingenio y la mecánica cubana. Eso si que si La Habana, no estuviera a orillas de mar y no sufriera los embates del fuerte viento, el problema de contaminación ambiental sería serio, pues funcionan a petróleo y queman aceite que es un gusto, dejando una negra estela a su paso.

Los cubanos al caer la tarde salen a las calles, a caminar o bien a sentarse en la puerta de sus hogares a observar pasar la gente; no se observa en sus rostros sombras de amargura o preocupación y todos sin excepción responden en forma amable las consultas de los turistas. Otro aspecto que llamó mi atención fue la inusual cantidad de policías o vigilantes que existe en sus calles, muchas de ellas de sexo femenino lo que permite junto a estrictas leyes que nadie osa violar, que la delincuencia no sea un problema para la población especialmente para los turistas.

En la noche, luego de un viaje efectuado en Cocotaxi, una motoneta dotada de carrocería en forma de coco, con dos asientos tras el conductor, asistimos a un negocio tradicional, La Bodeguita del Medio, un pequeño restaurante situado en el medio de un callejón cercano a La Catedral, donde se expende comida típica.

En su interior las paredes celestes ennegrecidas por los mensajes y firmas dejadas por los visitantes, se estremecen a los sones de un conjunto de música afrocubana, en medio del tam-tam tan tan tan estridente y pegajoso de los bongoes y timbales, que manejados por un negro de abundante e hisurta cabellera y diestras manos, acompañan a la suave voz de una cantante que invita a seguir el ritmo solo con los manos y pies, debido a la imposibilidad de bailar por la estrechez del local. Según se expresa este lugar era uno de los preferidos del escritor Ernest Hemmiway. Los meseros mientras tanto, hacen gala de sus conocimientos idiomáticos al recibir en sus idioma a los numerosos viajeros provenientes de diversas partes del mundo.

Arrinconados en una esquina, en el mismo lugar, donde según el mesero, el ilustre escritor disfrutaba de las veladas tuvimos nuestro primer encuentro con la cocina cubana, como aperitivo dos mojitos trago en base a hierba buena y ron, luego camarones con ensaladas y carnes de intrincados nombres, acompañado de sendas copas de vino blanco heladito constituyeron nuestra primera cena cubana, a los postres, una ensalada de fruta tipicas con trozos de mermelada de mango, y luego sendas tazas de café cubano pusieron fin a una grata velada.

El lento retorno al hotel fue a bordo de una vieja victoria, tirada por un ya cansado y añoso corcel, en tanto la ciudad al igual que el caballo, parecía languidecer con el avance de la noche.

Ya en el Hotel Habana Libre, otras de las joyas del turismo cubano, ubicado en pleno centro de la ciudad, nos esperaba una habitación de un onceavo piso, dotada de un rebelde equipo de aire acondicionado, de grandes ventanales, con vista a la bahía y su faro que titilaba en la lejanía, acompañado al lado de una gran llama que se mecía al compás del viento y una cama adornada con figuras hechas con toallas, nos esperaba para un reparador descanso.

En realidad no viajamos miles de kilómetros para ver televisión pero es inevitable hacerlo en la espera de conciliar el sueño. La televisión de los hoteles ofrece además de los canales abiertos de la TV Cubana, la mayoría de los canales internacionales que ofrece el cable en Chile. La televisión cubana tiene una particularidad, trasmite solo las noticias oficiales, es esencialmente blanca y educativa; los noticiarios y programas entregan noticias de las diversas ciudades y del exterior, no truculentas y desprovistas de todo morbo. Diferente a los baños de sangre provocados por accidentes, crímenes, robos, asaltos y ofensas a la moral con que nos enfrentamos los chilenos en forma cotidiana. Después se nos aclaró que el pueblo no tiene acceso al cable internacional, y en el cable cubano solo pueden ver como extra canales de Venezuela y de China. Del mismo modo nos informamos que la red Internet no esta disponible para los cubanos, siendo su uso exclusivo para los turistas. ¿Se podría tener en la televisión abierta de mi país, canales blancos y educativos?

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