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sábado, 17 de marzo de 2007

¿Cómo aplicar la Inteligencia Emocional en nuestros Centros Femeninos?


Nuestros Centros constituyen la cuna de las relaciones interpersonales como Hermanas, donde germinan nuestras ideas, intercambiamos información y experiencias, donde expresamos nuestras alegrías y tristezas, donde mostramos nuestros avances y, a veces, también nuestros retrocesos, éxitos y logros. Por esto es preciso que comprendamos los estados emocionales de cada una de nosotras para potenciar las capacidades emocionales personal y social que nos facilitarán cumplir con las metas, y realizar el trabajo más productivo y feliz, y de esta manera, ir construyendo, día a día, una instancia organizacional permanentemente inteligente, dentro de nuestra Asociación, que apoye la misión que tenemos como Mujeres Paramasónicas.

Algunos aspectos de la inteligencia personal que debemos fomentar y cuidar en nuestros Centros están referidos a:

a) Valoración de la diversidad
Cada una de las Hermanas tiene una manera peculiar de sentir y pensar; de ser responsable y comprometida, de ansias de cambio, de amor hacia los demás, de valentía ante las decisiones, de aceptación de un nuevo trabajo, de escribir sus trabajos, de hablar en público, etc., todo acompañado de una alta o baja carga emocional que refleja la diversidad entre las personas.
Conocer nuestras propias cualidades, en sus debilidades y fortalezas, es muy conveniente para el sano y productivo aporte que podamos ir entregando al Centro y al trabajo exterior de la Asociación.
Tan importante como lo anterior, es saber reconocer las cualidades, fortalezas y debilidades de las otras Hermanas, para establecer relaciones armoniosas y apoyar para que cada una de nosotras se autoevalue y valore con plena autoconciencia y de igual manera, valore a cada una de ellas y, de esta forma se vaya consiguiendo el logro del desarrollo y satisfacción personal, lo que en consecuencia, irá haciendo crecer nuestra Institución.
Todas tenemos una imagen de nosotras mismas, algunas más exactas y fiel que otras, y podemos inferir qué cosas somos capaces de hacer, cuáles nos costarán un mayor o menor esfuerzo. El optimismo y la confianza que tengamos en el momento de asumir nuevas situaciones, dependerán en gran medida de esta imagen, ya que si es buena, si reconocemos en nosotras cualidades agradables y positivas, nos veremos mucho más preparadas para afrontar con éxito la misión que nos corresponda cumplir.

b)Comportamiento tolerante
En el seno de nuestros Centros, donde permanecemos gran parte de nuestra vida adulta con personas que no hemos elegido previamente, nos encontramos con hábitos, gustos, maneras de pensar y expresión de emociones, a veces totalmente opuestos a los nuestros. A pesar de ello necesitamos establecer la mejor relación posible, ya que nuestros Principios nos guían hacia la tolerancia y el respeto, expresado en la FRATERNIDAD y el AMOR.
La tolerancia es el grado de paciencia y comprensión que debemos manifestar frente a otras Hermanas. Cuanto más intolerantes somos, mayores roces, fricciones y conflictos provocamos en nuestro entorno, en este caso dentro del Centro.
Quizás ustedes recuerden a una persona tolerante. Se caracteriza por actuar sin alterarse, con alta inteligencia emocional, ante situaciones provocadas por otras personas. No suelen defenderse ni justificarse sino, más bien, aceptar su responsabilidad en cada ocasión. Rehuyen el conflicto, saben trabajar en equipo, no guardan rencores, son sumamente pacientes, su afán de protagonismo es bajo, son conciliadoras, son empáticas frente a los demás y crean un clima armonioso a su alrededor.

c)Buscar la armonía entre la mente racional y la mente emocional
Debemos recordar que existe una permanente interdependencia entre nuestras dos mentes: racional y emocional. Según nos sentimos, así pensamos y actuamos. Tal como pensamos, así nos sentimos y nos ubicamos en la realidad y en este caso en nuestro Centro, familia o grupos a los cuales pertenecemos.
Un ejemplo de cómo nuestro sentir influye sobre el pensar, y actuar:
Es de noche. Estoy sola en casa y siento miedo. Todos mis pensamientos giran alrededor de mi seguridad: ¿Cerré la puerta? Cada ruido lo interpreto como posible peligro. Me levanto dos veces para asegurarme que había cerrado con llave la cerradura de la puerta.
Es de mañana, una semana después. He dormido muy bien, sin temor. Me dirijo a la puerta de mi departamento, y al abrirla para ir a mi trabajo, vino a mí el guardia del edificio y me dijo que a las 6:00 a.m., al pasar por frente a mi puerta vio que yo había dejado la llave por fuera.
Aquí tomé conciencia cómo mi pensamiento, tanto en la primera como en la segunda situación, desencadenó distintas emociones, miedo y tranquilidad. Sin embargo, en la segunda situación, había un alto riesgo pero al no saberlo, sentía seguridad.
Esto mismo nos ocurre en las relaciones entre las personas, y específicamente, entre las Hermanas del Centro. Como pensemos, sentiremos y actuaremos. Esto último es lo visible, es lo que ven de nosotras las otras personas.

d)Manejo de las críticas y expresión de juicios
Uno de los comportamientos que más conflictos ocasionan tanto en la vida familiar, laboral y de la vida de nuestros Centros, son las críticas.
Toda crítica debe ser formulada de manera tal que sirva no para denigrar o desvalorizar sino para esclarecer y motivar a la otra Hermana. Toda crítica debe tener por objetivo proporcionarle a la otra persona la posibilidad de conocer sus errores y, por lo tanto, de solucionarlos. Si está acompañada con sugerencias, tanto mejor, ya que acelera el proceso de corrección de aquello que no corresponde. Sin embargo, cuando la crítica apunta a la persona, con juicios de valor o prejuicios o es infundada y no se dirige hacia la acción o tarea o situación, ésta es vivida como un ataque directo y sin justificación.
Cuando alguien nos ataca, nuestro cerebro emocional percibe, y con razón, una amenaza, un peligro y actúa, en consecuencia, disparando hormonas que nos preparan para una lucha (pueden ser palabras ofensivas) o silencio (inhibición) o huida (alejamiento). Es entonces donde podemos vernos atrapados en la espiral de la furia y contestar agresivamente.
Si nos encontramos en la situación de hacer una crítica, conviene concretar y especificar la situación, hecho o tarea, apoyar a la Hermana para buscar una solución, si es pertinente, hacer la crítica cara a cara, ser empática, colocándose en la situación de la Hermana y preguntarse como habría actuado si nos hubiera correspondido estar en su caso.

En síntesis, podemos afirmar que para educar y desarrollar nuestra Inteligencia Emocional se necesita provocar experiencias afectivas de calidad y recordar que: La Inteligencia Emocional no es innata. Hay que desarrollarla. Es necesario crear nuevas conexiones neuronales en nuestro cerebro, buenas rutas. Es importante estar alerta a desarrollar las distintas competencias que integran la Inteligencia Emocional, en sus dos dimensiones. Personal y Social

Escrito por la Qda. Hna. Liliana Pérez de Rubio
Seminario de Inteligencia Emocional

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